Hace tiempo que no escribo nada, y no es por falta de ganas, que las tengo siempre de innovar con alguna chorradilla de las mías, ha sido porque no se me ha ocurrido nada sobre qué escribir, simplemente ningún tema me venía a la cabeza, nada me parecía apropiado para escribir, igualmente, muchas ganas no tendría cuando no he escrito nada, no he indagado mucho en mi mente para descubrir algo sobre qué escribir.
Esta mañana antes de ir al instituto, he visto a mis perros muy quietos, otras veces lo único que quieren es salir a la calle cuando abro la puerta de la cochera, pero hoy no. Uno estaba muy escondido, y otra que siempre suele ser el más inquieto estaba muy alejado. De lo que no me había percatado era de que uno estaba tumbado inmóvil en el suelo, no lo había visto. Ni me había dado cuenta de ello hasta que mi madre me lo ha dicho. Ni lo quería imaginar. Estaba muerto. Y lo único que me venía a la mente era que la noche anterior había estado jugando con él y con su hermano, porque pensaba que alguien vendría a llevárselos pronto, pues de los ocho que habían nacido, habíamos dado ya seis. Cuando lo he visto a lo lejos era el único pensamiento que me invadía, que tenía que jugar con él, con ellos. Y las lágrimas han venido a mis ojos, igual que vienen ahora al recordarlo, y la impotencia de que ya no volverá, ni volveré a jugar con él, ni a acariciarlo. He estado todo el día con esto en la cabeza en el instituto, reprimiendo mis ganas de llorar, e intentando no recordarlo. No me lo esperaba para nada, se ha ido y no me ha dado tiempo ni a despedirme…
Llego a la conclusión de que esto no habría ocurrido si el perro inquieto, que no era ni hermano ni nada de estos, no hubiese estado en casa, pues llevaba tiempo con nosotros, y había revolucionado a estos dos. Y en el piso de arriba, que lo tenemos como almacén, vamos, que no es habitable, teníamos puesto unos polvos para las ratas, para que no se nos infectase aquello, y pensando en esto, he imaginado que en un momento que subieron, las comieron, y ahí se desencadenó todo… Pues mi padre me había dicho que los había visto por allí trasteando, y también me dijo lo de los polvos.
Pero no ha sido solo esto… Cuando llego del instituto, voy buscando a demás perros, los que quedaban: el hermano, la madre y el revoltoso… Y solo encontraba a la madre y al revoltoso… Y al no verlo por ningún sitio, he imaginado lo peor, que me ha sido confirmado más tarde…
No me apetece escribir nada más, tenía que exteriorizarlo de algún modo, y cuanto antes… Pero bueno… La vida viene y la vida se va…





